Alfie Kohn: “Los deberes pueden ser el mayor destructor de curiosidad”

Alfie Kohn

Autor y conferenciante

Alfie Kohn ha sido descrito por la revista Time como “el crítico más abierto sobre la fijación de la educación en las notas [y] los resultados de los exámenes”. Escribe y habla sobre el comportamiento, la educación y la crianza de los hijos. Es autor de 14 libros, tres de ellos traducidos al español: El Mito de los deberes, Crianza incondicional y Castigado con recompensas.

En base al sistema educativo actual, ¿cuál cree que es el propósito de la educación a día de hoy?
Parece que el actual sistema educativo se centra principalmente en el bombeo de graduados que tienen las habilidades y la disposición de ser empleados conformes. Es decir, profesionales que harán su parte para ayudar a las empresas para las que trabajan a triunfar por encima de corporaciones de otros países.

Por lo tanto, ¿cuál es el enfoque educativo actual?
Cuando los políticos y los ejecutivos de negocios hablan de educación, casi siempre lo hacen en términos económicos y olvidan centrarse en lo que es mejor para los niños o en cómo crear y alimentar una democracia. Una vez se entiende este enfoque, los defectos de nuestras escuelas empiezan a tener un perfecto sentido.

En su opinión, ¿cuál debería ser realmente el objetivo de la educación?
Creo que debería ser una combinación entre, por un lado, ayudar a los niños a alcanzar su propio potencial como seres humanos y convertirlos en pensadores críticos y, por otro, sostener una democracia.

¿Qué cambios deberían aplicarse en el sistema educativo actual para lograr estos objetivos?
En pocas palabras, me gustaría ver un enfoque centrado en que los estudiantes puedan entender las ideas de adentro hacia afuera, en lugar de memorizar hechos y practicar habilidades. Los alumnos deberían ser el centro del proceso de aprendizaje para que sus preguntas generen la mayor parte del plan de estudios. Desearía un aprendizaje organizado en torno a problemas y proyectos, en lugar de en listas de conocimientos que alguien piensa que deben transmitirse a los alumnos.

¿Qué más le gustaría destacar?
Me gustaría ver las escuelas como lugares de colaboración y no de competiciones o de actividades puramente independientes. Deberían abolirse las prácticas tradicionales, inútiles y destructivas, como las notas o los exámenes, y habría que poner mucho menos énfasis en las clases magistrales, hojas de trabajo y deberes. Finalmente, desearía ver las escuelas convirtiéndose en centros que ayuden a nuestros niños a ser empáticos, personas decentes y también pensadores críticos que estén dispuestos a cuestionar la realidad cuando parezca problemática.

Usted es muy crítico con los test estandarizados. ¿Por qué?
Los test estandarizados sirven principalmente para hacer que la enseñanza mediocre parezca exitosa. Estas pruebas miden lo que menos importa sobre el pensamiento de los estudiantes. Principalmente, lo que nos dicen los resultados de los exámenes es lo ricos y educados que son los padres del estudiante, además de cuánto tiempo se ha desviado del aprendizaje significativo para hacer que los alumnos mejoren la habilidad de superar exámenes.

¿Esta afirmación está sostenida por la investigación?
Sí, existe un considerable número de investigaciones que demuestran que hay una correlación negativa entre el pensamiento profundo y las altas calificaciones de los exámenes. Esto significa que un observador informado estaría preocupado por la calidad de la mente del alumno con notas altas. También debemos preocuparnos cuando observamos una escuela en su globalidad y vemos que las notas son más elevadas de lo esperado en relación al nivel socioeconómico del centro. Los padres que detecten que los resultados de la escuela de sus hijos van en aumento deberían preguntarse: ¿qué habéis sacrificado de la educación de nuestros hijos para que eso suceda?

Hay un enorme campo de estudio sobre cómo evaluar a los estudiantes sin hacer exámenes. ¿Qué recomendaría?
Guardar portfolios de proyectos de los estudiantes que permitan un análisis cuidadoso para buscar mejoras, así como lagunas en la comprensión de cada alumno. También lo que algunos educadores han llamado “exposiciones de maestría”, en las que los estudiantes realizan proyectos que no solo les ayudan a aprender, sino que facilitan al profesor la evaluación de cómo está evolucionando su aprendizaje. Estos y otros ejemplos de “evaluación auténtica” pueden reemplazar por completo a los test estandarizados que se centran en fomentar el conocimiento de hechos que la memoria olvida a corto plazo.

Interesante…
Debemos tener en cuenta que los mejores maestros rara vez hacen test. Eso se debe, en parte, a que las pruebas son un pésimo indicador de los logros intelectuales significativos y también porque los mejores profesores no tienen la necesidad de hacer exámenes. Si los docentes no pasan la mayor parte de su tiempo enseñando y si los estudiantes están aprendiendo activamente haciendo proyectos significativos, entonces los profesores reciben una corriente constante de información sobre quién necesita ayuda y cómo evoluciona cada uno de sus alumnos.

¿Cuáles son las principales capacidades y habilidades que deben tener los buenos docentes?
Los profesores deben tener una comprensión profunda de las materias que enseñarán y del contenido del plan de estudios. Pero también necesitan comprender cómo los niños aprenden. Por ejemplo, que una persona sea un experto científico no significa forzosamente que esté especialmente calificado para enseñar ciencia. Los mejores docentes se dan cuenta de que los estudiantes no son recipientes vacíos en los que se vierte el conocimiento, sino agentes de significado activo.

¿Cuál debería ser la función de los profesores?
Necesitan saber cómo promover y sostener la tendencia a involucrarse con las ideas y construir la comprensión activa e interactivamente. Los mejores profesores también son potencialmente rebeldes, y deben estar dispuestos a tomar una posición contraria a los mandatos y a las políticas estúpidas que son perjudiciales para los niños. Y, por supuesto, tienen que preocuparse, no sólo de su materia, sino de sus estudiantes como seres humanos.

A menudo es difícil para los profesores motivar a sus estudiantes. ¿Cuál sería su consejo para ellos?
Lo más importante no es cuán motivados están nuestros niños, sino cómo lo están. Hay diferentes tipos de motivación y la tipología importa más que la cantidad. Hay una enorme diferencia entre motivación intrínseca y extrínseca.

¿Podría explicar la diferencia?
La motivación intrínseca hace referencia al interés en lo que uno está haciendo y la motivación extrínseca significa que se actúa para obtener una recompensa o evitar un castigo. Esta última tiende a socavar o corroer la motivación intrínseca, ya que cuanto más se recompensa a los estudiantes, más pierdan interés en lo que hacen. Las escuelas pueden promover la motivación intrínseca o el amor al aprendizaje haciendo hincapié en lo que yo llamo las tres C.

¿A qué hacen referencia?
La primera es el contenido o plan de estudios. Tenemos que empezar por crear con los estudiantes, no sólo para los estudiantes, las lecciones que consideran más importantes y relevantes para sus inquietudes. La segunda C es la de colaboración o comunidad, que significa que los estudiantes deben aprender con y de los demás, no siempre por sí mismos y nunca en un contexto de competición en el que un niño solamente pueda tener éxito si otro fracasa.

¿Y cuál es la última C?
Es la opción (choice en inglés): dejar opinar más a los estudiantes sobre qué, cómo, por qué y con quién están aprendiendo, así como otros detalles sobre la vida en el aula. Es importante darse cuenta de que los niños aprenden a tomar buenas decisiones tomando decisiones, no siguiendo instrucciones.

Usted también está en contra de los deberes. ¿Por qué?
Los deberes tienden a causar agotamiento, frustración, conflicto familiar, muy poco tiempo para explorar otros intereses y quizás, lo que es más inquietante, una pérdida de interés en el aprendizaje. Los deberes pueden ser el mayor destructor de curiosidad jamás inventado. Lo que es sorprendente y notable, sin embargo, es que realmente no hay un argumento sólido a favor de los deberes que contrarreste las desventajas obvias. Que yo sepa ninguna investigación ha encontrado un sólo beneficio a los deberes para niños menores de 15 años y, algunas más recientes, están cuestionando también si son útiles incluso en la adolescencia.

Entonces, ¿por qué seguimos poniendo deberes a nuestros estudiantes?
La creencia de que los deberes son necesarios o incluso útiles para promover el logro académico se basa en una serie de conceptos erróneos sobre el aprendizaje o simplemente en creencias incorrectas sobre lo que la investigación ha demostrado. Resulta que, realmente, no hay ninguna razón convincente para hacer que los estudiantes trabajen un segundo turno de tareas académicas en sus casas.

Parece razonable…
Y finalmente también querría añadir que muchos padres se plantean una pregunta adicional: si tiene sentido que las escuelas dicten lo que debe suceder durante el tiempo en familia. La pregunta importante aquí no es qué cantidad de deberes deben tener los alumnos, sino por qué los estudiantes necesitan hacer más trabajo escolar en casa.