Dedicado a mis hijas: cómo evitar las agresiones sexuales

Las jóvenes mujeres tienen que vivir con la realidad de la misoginia, tanto de los conservadores como de los que se llaman “liberales”

DAVID MILLS

Hace pocos días cruzamos en coche por una parte peligrosa de la ciudad, cuando íbamos desde la universidad al norte de la ciudad hasta la casa de un amigo en el campo, al sur. Y me puse a pensar –porque tengo esta forma de pensar paternalista, tan pronta a inventar razones para preocuparme– en todos los lugares difíciles en los que ha vivido y trabajado nuestra hija mayor, tanto aquí en Estados Unidos como en África.

Recientemente, el gobernador de Ohio, John Kasich, respondió perfectamente a las preguntas de una joven sobre su preocupación de ser agredida sexualmente en el campus, y luego Kasich añadió que, como tenía dos hijas de 16 años, a él tampoco le gustaba pensar en estos asuntos. Todos los padres entenderán a qué se refería. (Tengo que dejar claro que yo no soy partidario de Kasich).

La joven respondió, “Es triste, pero es algo por lo que tengo que preocuparme”. Kasich comentó: “Bueno, entonces te voy a dar un pequeño consejo, no vayas a fiestas que puedan salirse de control. ¿Vale? No vayas”.

Al momento saltaron los oportunistas políticos e ideológicos, haciendo la lectura según el guión del liberal estándar de que los hombres culpan a las mujeres de ser violadas, para luego cambiar de tema y hablar de la necesidad de abortos sin restricciones y de financiación para clínicas de planificación familiar como Planned Parenthood. Se les había accionado el resorte.

Aunque hay hombres que sí culpan a las mujeres. No deberíamos minusvalorar la cantidad de chovinismo irreflexivo y auténtica misoginia que perviven en el mundo. Como padre, me doy cuenta de ello. Muchos hombres desean a mis hijas porque son mujeres jóvenes que pueden ser despersonalizadas y cosificadas. Es enfermizo. Quiero que estén protegidas de estos hombres. Kasich no estaba culpando a las mujeres. Estaba hablando como padre.

Un mundo caído

En un mundo caído como en el que vivimos, uno no siempre puede hacer lo que desearía. Una joven en una fiesta donde hay chicos llenos de testosterona que no creen en el respeto, que tienen unos instintos sexuales mal educados, que están acostumbrados a “triunfar” en sus cacerías sexuales, que beben en exceso… esa joven está expuesta a un cierto grado de peligro. La posterior evaluación correcta de la responsabilidad moral de un crimen cometido contra ella no la protege de haber sido violada antes.

Así es la realidad. No debería ser necesario decirlo, pero en un mundo en el que los temas sexuales han sido tan ideologizados, hace falta señalar qué es lo que sucede de verdad. Mis hijas no son sólo “mujeres”, son dos mujeres en particular, dos jóvenes a las que quiero con todo mi corazón, personas con una dignidad humana que deberían ser tratadas con respeto y protegidas de todo daño. Y lo que es más, en este mundo, ellas también tienen que hacer algo para resguardarse de todo mal.

Les he advertido sobre situaciones como la mencionada y sobre la tendencia que tenemos todos a creer que podemos controlar las situaciones en las que nosotros mismos nos metemos cuando, en realidad, no tenemos el control. Yo mismo cometí insensateces en mi juventud y doy gracias de que mi estupidez no saliera cara para mí ni para algún otro. Quiero que mis hijas estén más seguras de lo que estuve yo porque ellas son más vulnerables de lo que yo era. Lo que no estoy diciendo, ni remotamente, es que la culpa sea de ellas si algún bruto machito las asalta en fiestas de este tipo. No las estoy acusando a ellas, ni en un millón de años.

Lo único que digo es que todo adulto debe valorar los peligros y las responsabilidades derivadas de todo aquello que hace, por su propio bienestar y por el de sus seres queridos. Hablo de ser maduros, sencillamente. Una mujer madura toma nota del mundo que le rodea y ajusta su vida en consecuencia. Sabe que el mundo está organizado de tal forma que no puede hacer todo lo que quiera. Y por supuesto que no es justo, pero no podemos revertir las injusticias ignorando la realidad.

Camille Paglia lo explica muy bien. “Las mujeres siempre estarán en peligro sexual”, comenta en un artículo de periódico reeditado en su libro “Sexo, Arte y Cultura en los Estados Unidos”. Paglia describe la noche que uno de sus estudiantes, un chico, pasó en las grandes pirámides, una noche que sin duda a ella también le hubiera gustado tener.

Y luego afirma, “Nunca tendré una experiencia como esa. Soy una mujer. No soy tan estúpida como para creer que podría estar a salvo allí. Hay todo un mundo de aventuras en solitario que nunca tendré. Las mujeres siempre han sabido estas sombrías verdades”.

Los padres conocen estas verdades

Los padres también conocen estas sombrías verdades. Tienen que competir con los ideólogos para conseguir que sus hijas las reconozcan también. El guión ideológico liberal hace que articular el sentido común sea innecesariamente difícil. Halaga a las mujeres y les promete la luna.

Pero la versión conservadora también lo hace. Dice que sea lo que sea que digan liberales y feministas es incorrecto y, por tanto, la misoginia que denuncian no existe en realidad, es todo parte de la “guerra contra las mujeres” inventada por los liberales. Esta forma de pensar también ignora ciertas verdades sombrías sobre la brutalidad de los hombres. Termina haciendo lo mismo que los que siguen el libreto liberal: alientan a las jóvenes a que nieguen la realidad del mundo en que viven y de este modo las ponen en peligro.

A mis hijas: Ignoren a esta gente. No vayan a fiestas que puedan salirse de control, ¿vale?

David Mills, ex editor de First Things, editor de The Stream, director editorial de Ethika Politika y columnista de múltiples publicaciones. Síguelo en Twitter @DavidMillsWrtng.

Fuente: Aleteia (Editado)
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