¿Estamos criando una generación de jóvenes inútiles?

La periodista Mickey Goodman observa que los chicos de la generación nacida entre 1984 y el 2002 (generación y o millenial), esperan conseguir todo lo que quieren inmediatamente y con facilidad, porque toda su vida han estado acostumbrados a la gratificación instantánea. Esto, por supuesto, les traerá grandes frustraciones en su vida diaria.

Cuando una universitaria recibió una C- en su primera prueba, tuvo, literalmente, un ataque en clases.Llorando, le envió un mensaje de texto a su madre quien llamó de vuelta, pidiendo hablar con el profesor inmediatamente (quien, por supuesto, se negó). Otra madre acompañó a su hijo a una entrevista de trabajo, para luego preguntarse por qué no había conseguido el empleo.

Un importante empleador comentó que durante una entrevista de trabajo, una candidata le dijo que estaría disponible para este trabajo en 18 meses más. Ni siquiera se le pasó por la mente que él había tenido que trabajar durante 20 años para llegar a su meta.
¿Suena loco?

Lamentablemente, todas estas historias son reales, comenta Tim Elmore, fundador y presidente de una organización sin fines de lucro llamada Líderes en Crecimiento, y autor de las series de libros “Habitudes” junto con sus guías para el profesor, kits de DVD y cursos por correspondencia. “La generación Y de chicos que nacieron entre 1984 y 2002 han crecido en una era de gratificación instantánea. iPhones, iPads, mensajes instantáneos y un acceso inmediato a información está todo en la punta de sus dedos,” comenta. “Sus notas en el colegio son usualmente negociadas por su padres en vez de merecidas y se les celebra por lograr cosas mínimas. Tienen cientos de amigos en Facebook y Twitter pero usualmente no tienen muchas conexiones reales.”
Para cambiar esto, Líderes en Crecimiento trabaja con 5.000 escuelas públicas, universidades, organizaciones del gobierno, equipos deportivos y corporaciones a lo largo del país (e internacionalmente también) para ayudar a los jóvenes, particularmente entre 16 y 24 años, a convertirse en líderes. “Queremos entregarles las herramientas que les faltan antes de que hayan pasado por 3 matrimonios y varios negocios fracasados,” nos cuenta.
Pero, ¿por qué han pasado los padres de enseñarles a ser independientes a ser padres que están siempre encima de sus hijos intentando protegerlos a cualquier precio?

La sobreprotección

Nos vemos consumidos por la actividad de protegerlos en vez de prepararlos para el futuro. No hemos dejado que se caigan, que comentar errores y que tengan miedo. El problema es que si no toman riesgos desde el principio, como colgarse de las barras y quizás caerse, tendrán miedo de todo lo que hagan cuando tengan 29.
Psicólogos y psiquiatras están tratando más y más jóvenes que tienen una crisis en el cuarto de su vida, así como también muchos casos de depresión clínica. ¿La razón? Los jóvenes dicen que es porque aun no son millonarios o no han encontrado a la persona perfecta.
Los profesores, asesores y ejecutivos reclaman que los chicos de la Generación Y tienen bajos niveles de atención y se apoyan en la motivación externa en vez de la interna. La meta de Líderes en Crecimiento es revertir esta situación y ayudar a los jóvenes a ser más creativos y más motivados para que puedan apoyarse en ellos mismos y no depender de una motivación externa.
El psicólogo familiar, John Rosemond, está de acuerdo. En un artículo de Febrero que apareció en la revista Atlanta Journal Constitution, comenta que nuevos estudios han descubierto que el sistema de premios usualmente genera problemas, produciendo el efecto totalmente opuesto al que se busca. Cuando un niño agresivo es premiado por no ser agresivo por un corto período de tiempo hay más posibilidades que repita este mal comportamiento para generar más premios.

Problemas de crianza

Los padres de esta generación le han dicho a sus hijos que sueñen en grande, y ahora cualquier acto pequeño parece insignificante. En el gran esquema de las cosas, los chicos no pueden cambiar el mundo instantáneamente. Tienen que dar pasos pequeños, que, para ellos, no significan ningún tipo de progreso. Nada que no sea fama instantánea es bueno. “Es tiempo de decirles que para lograr cosas grandes debemos empezar por las cosas pequeñas,” comenta.
Sus padres les han dicho que son especiales por ninguna razón en particular, no tenían una personalidad o habilidad sobresaliente y ahora los integrantes de esta generación demandan un tratamiento especial. El problema es que los chicos asumen que no tienen que hacer nada especial para ser especiales.
Han tenido todas las comodidades, y ahora lo quieren todo en el mismo momento. Y este mensaje lo escuchamos claramente. Nosotros también nos paseamos en frente del microondas, nos enojamos cuando las cosas no salen como queremos en el trabajo, peleamos con el tráfico. “Es momento de volver a darle importancia a esperar por lo que queremos, posponer los deseos de los otros y dejar nuestros deseos personales para ir tras algo que sea más grande que ‘el yo’,” dice Elmore.
Los padres de esta generación hicieron de la felicidad de sus hijos lo más importante, y ahora es difícil para ellos crear su felicidad como producto de vivir una vida llena de sentido. “Es tiempo de decirles que nuestra meta es permitirles descubrir sus dones, pasiones y propósito en la vida para que puedan ayudar a otros. La felicidad es el resultado de lo anterior.”
Las personas necesitan cometer sus propios errores

“Necesitamos dejar que nuestros hijos se equivoquen a los 12, lo cual es mucho mejor que lo hagan a los 42,” comenta. “Necesitamos decirles la verdad (con buenas palabras) sobre que la noción de ‘puedes hacer lo que te propongas’ no es necesariamente cierta.”
Los chicos necesitan alinear sus sueños con sus habilidades. No todas las niñas que tengan una buena voz lograrán cantar en el Museo Metropolitano de las Artes; no todos quienes sean una estrella en las Ligas para niños de baseball lograrán jugar en las ligas mayores.
Permíteles meterse en problemas y aceptar las consecuencias. Está bien sacarse una C-. La próxima vez esfuérzate más para que sea una A.
Balancea la autonomía con responsabilidad. Si tu hijo pide prestado el auto, también debe llenar el tanque.
Colabora con los profesores, pero no hagas el trabajo de tu hijo. Si le va mal en una prueba, deja que asuma las consecuencias.
“Necesitamos ser como ladrillos cubiertos en terciopelo,” comenta Elmore, “suaves por fuera y duros por dentro, y permitirle a los chicos que se equivoquen mientras son jóvenes para permitir que sean exitosos cuando lleguen a la adultez.”

Fuente: Aleteia
Imagen: economisanschool.blogspot.com