Los Problemas de la educación actual

Pareciera que vivimos en una época en la que domina una cultura que confunde libertad con ausencia de reglas y/o de compromisos. Confunde el amor con mero sentimentalismo y/o mera entrega sexual. Confunde nivel de vida con nivel de ingreso. Confunde el ser con el tener. Confunde la felicidad con la comodidad. Con ello se cae en una serie de reduccionismos que desconocen todo aquello que no sea el imperativo de los apetitos.
No es extraño, por tanto, que una de las grandes preguntas contemporáneas sea: “¿qué tiene de malo?”, cuyo ritmo monocorde es cuestionarlo todo desde el capricho hegemónico como criterio de vida dominante. En definitiva, la inteligencia puesta al servicio de las pasiones, en lugar de que las pasiones se encuentren gobernadas por una inteligencia y una conciencia bien formadas.
Las universidades que se plantean en serio su misión, tienen serias dificultades para lidiar con las consecuencias de esta época en la que impera la ley del mínimo esfuerzo; la ausencia de lectura; la pobreza del lenguaje; el desconocimiento de la gramática; la pobreza en los proyectos de vida.
Si un alumno reprueba, es culpa del profesor. Si un alumno no es admitido, el centro educativo es injusto. Si un hijo es castigado, los padres son tiranos. Si un ciudadano atenta contra la sociedad, la sociedad es la responsable.
De algún modo es el mundo del revés, el mundo vuelto de cabeza. Y solo la buena educación (tarea de todos, especialmente de la familia) tiene la capacidad de revertir esta triste circunstancia. Pero la buena educación no solo requiere de educadores capaces, sino sobre todo de educandos que realmente tengan la actitud y la docilidad suficientes para alcanzar la verdadera educación.
Fuente: Jacinto Valdés Martínez