Personas adultas y aprendizaje

Entre estas características citaremos:

En primer lugar la persona adulta tiene que reconocer y aceptar que necesita realizar una inversión de tiempo en aprender, lo que significa un reconocimiento contundente de que ese aprendizaje representa una necesidad para ella, en un momento preciso, por lo que estará dispuesto a pagar un precio de esfuerzo y adaptación.
La persona adulta afronta el aprendizaje normalmente con una fuerte dosis de motivación. El adulto antes de enfrentarse a un proceso de enseñanza-aprendizaje, ha decidido en términos generales, que quiere hacerlo, que necesita hacerlo, y ello le llevará a asumir un compromiso consigo mismo, y también con otros.
El adulto cuenta siempre con un bagaje experiencial, que supone una fuente de aprendizaje en sí mismo. Sabemos que los aprendizajes se convierten en significativos, cuando se establecen nexos o conexiones con otros aprendizajes previos, tejiéndose así una cada vez más sólida relación, que no hace sino consolidar y aumentar nuestra capacidad de aprender. En ocasiones también este bagaje experiencial puede suponer una cierta dificultad, porque el adulto se muestra reacio a aceptar, y por lo tanto a integrar, ciertos aprendizajes que puedan cuestionar planteamientos que considera propios, seguros, y de algún modo inamovibles.
El adulto aporta en términos generales una gran dosis de responsabilidad en los procesos en los que se ve envuelto, esta es sin duda una característica muy positiva, que permite establecer compromisos que aseguren la permanencia en los procesos y en su consecución.
El adulto, suele manifestar un ritmo propio ante los procesos que inicia, cada persona necesita dar los pasos a su modo, ir desarrollando las sucesivas fases, según sus particulares características personales, y los docentes deben contar con ello. Esto no quiere decir que no funcione bien dentro de los grupos, y que cada grupo imprima un carácter determinado al proceso.
Las personas adultas acceden a procesos de aprendizaje desde una perspectiva práctica y funcional. El proceso de decisión lleva a delimitar qué es aquello que quieren conseguir, y una vez definido no suelen admitir señuelos o caminos falsos.

Dificultades de aprendizaje
A continuación acompañamos de modo esquemático algunas consideraciones que pueden representar dificultades en el aprendizaje por parte de las personas adultas con bajos niveles de instrucción. Entre estas dificultades estarían:

Merma de facultades físicas o intelectuales como consecuencia de la edad: visión, tiempo de reacción, audición, pérdida de memoria…
Dificultad para realizar procesos mentales abstractos, sobre todo en personas con carencias formativas importantes.
En el caso de adultos con bajo nivel de instrucción, ausencia de técnicas de trabajo intelectual, dificultad de autoorganización y de graduación de tareas.
Aparición del cansancio, tanto intelectual como físico, al tener que compaginar a lo largo del día, muchas funciones distintas, propias de la condición adulta.
Interferencias emocionales que dificultan su capacidad de concentración, al tener su mente ocupada en múltiples preocupaciones de tipo laboral, familiar, económico, etc.
Dificultad para modificar ciertas conductas y comportamientos acuñados durante mucho tiempo, y de los que es preciso desprenderse para afrontar situaciones nuevas.
Problemas para aceptar las observaciones y correcciones de otros.

Heterogeneidad de la condición adulta
La adultez no es una etapa homogénea, abarca un amplio espectro temporal de la vida de las personas. Desde el punto de vista educativo, los adultos en general representan en la práctica un conjunto amplísimo que manifiesta multitud de diferencias determinadas por variables de tipo: psicológico, sexual, familiar, ideológico, religioso, geográfico, laboral, cultural, económico…

Resultaría muy complicado y prácticamente inabarcable intentar establecer distintas tipologías de “ser adulto”, desde tantos y tan amplios parámetros.

Una de las variables más importantes es la edad ya que juega un papel directamente relacionado con las conductas y las expectativas de las personas. Ésta determinará una escala de necesidades diferentes de unos adultos a otros, así como el nivel de expectativas de futuro según el momento concreto en el que nos planteamos acceder a procesos educativos más o menos complejos, más o menos duraderos y mejor adaptados a nuestras circunstancias vitales.

En cualquier caso podríamos relacionar de modo sintético, características generales de las personas adultas en relación a sus necesidades, intereses y expectativas, respecto de la educación y la formación.

Necesidades
Entre las principales necesidades de las personas adultas destacamos las de:

Sentirse actores de los procesos de aprendizaje
Superar las metas y objetivos que se ponen a sí mismos
Crecer, incorporar cambios positivos en sus vidas
Integrar aprendizajes de los que se han sentido excluidos y marginados.
Elevar su autoestima y su autoconcepto
Disfrutar de la cultura y del arte, y en general de todos los estímulos que brinda la existencia
Cualificarse académica y/o profesionalmente
Satisfacer sus ansias de saber, su curiosidad y la consideración de sentirse útiles, activos e integrados socialmente

Intereses
Entre los principales intereses destacamos:

Obtener titulaciones del sistema educativo y/o certificaciones laborales
Insertarse del mejor modo posible en el mercado laboral
Mantener un grado satisfactorio de integración social
Recorrer caminos que saben van a enriquecerles
Dominar recursos de tipo comunicativo, relacional, cultural… con clara repercusión sobre la propia vida

Expectativas
Entre las principales expectativas destacamos:

Muchas personas persiguen sentirse sujetos independientes y cualificados, a través del acceso la adquisición y la apropiación de instrumentos, técnicas, conocimientos y recursos que favorecen su inserción e integración social, cultural y laboral
Otras personas persiguen conseguir un estado personal de seguridad, confianza y aprecio de sí mismas, así como el reconocimiento de otros
También persiguen obtener reconocimiento formal de sus procesos formativos, a través de las correspondientes certificaciones o titulaciones que les avalan y les capacitan
Buscan poder compaginar un mundo real de obligaciones y responsabilidades, con otro mundo que les ofrece oportunidades de desarrollo personal y comunitario
Buscan disfrutar de la riqueza que proporciona el contacto con las manifestaciones culturales y artísticas
Buscan sentirse “libres”
Buscan tener ocasión de validar sus experiencias y conocimientos, para participar con libertad y plenitud en su contexto
Buscan tener capacidad real de incidencia sobre el medio social en el que vive

Fuente e imagen: ite.educacion.es (editado)